Cinco.
Cinco son los guiones que esperan encima de la mesa de reunión del
equipo de rodaje de la fundación First Team. A unos pocos días de
grabación llegó el quinto, servicio
al cliente,
sin lugar a dudas el que más se ha hecho esperar. Cinco historias
completamente diferentes que suceden entre las paredes de un hotel.
Dar vida a estas cinco historias es el reto que se plantea al equipo.
Desde
que sonara el pistoletazo de salida la fase de preproducción ha
sido, como en la mayoría de ellas, una locura. Todo parece fácil,
al principio no hay obstáculos. Hay unos objetivos como conseguir un
catering pero aquello que parecía sencillo se convierte, como en la
mayoría de las tareas de preproducción, en un quebradero de cabeza.
Tiene que ser algo que se ajuste al presupuesto, que guste a la
mayoría del equipo, que aporte energías, que esté cerca de rodaje
para no transportarse en grandes distancias,… al final todo sale,
esa es la magia.
“No
sabes cómo pero al final todo sale” repite Minerva Gormis, la
directora de producción, intentando infundir ánimos en la
plantilla. En su lista tiene mil y una cosas que hacer pero aún así
consigue tiempo para preocuparse por las personas y para infundirlas
ánimo. Sus palabras encierran una gran verdad, al final todo sale.
Hay mucho esfuerzo de por medio, vueltas de arriba a abajo por las
calles del entorno, incontables llamadas y conversaciones para llegar
ha conseguirlo, pero merece la pena.
Comienza
y no se detiene por nada ni por nadie. El
rodaje avanza hora a hora, minuto a minuto y a lo largo de todos
ellos los ánimos son los mismos, las ilusiones también. El único
indicio que delata que hubo una jornada anterior son las ojeras, unos
círculos amoratados que acompañan a todo el equipo e incluso a
actores. Pero no importa, de igual manera la maquinaria ya está en
funcionamiento y cada uno sabe lo que tiene que hacer. El ajetreo es
palpable, el ir y venir del grupo de cámara e iluminación se
traduce en un murmullo constante de pasos, del roce de la ropa con el
metal y el plástico del material, de respiraciones fuertes. Un
murmullo que se enreda con la charla en vestuario y maquillaje. Un
retoque de labios acá, un poco más de rímel allá y está lista.
“¡Necesito
a Carmen y a Raúl ya!” se escucha desde dirección, los ayudantes
corren en busca de los actores. Todo es prisa antes de rodaje. La
comodidad de las habitaciones del Hotel Ganivet ayudan al equipo a
no desfallecer. Pero sobre todo su magnífico aire acondicionado.
Nadie que no haya estado en rodaje, nadie que no haya vivido en su
propia piel estar encerrado en una habitación junto con otras doce
personas, con una máquina de humo inundando la atmósfera de un aire
asfixiante, mientras los 38º al sol de mediados de julio calienta el
ambiente.
“¡Vasos de agua!”, “¡La pantalla de sesenta!”, “¿Dónde está el cuadro?” son algunas de las frases que cruzan el pasillo de la primera planta del Ganivet. Los empleados de este atienden con suma paciencia las peticiones de un rodaje que va a corto por día. Nunca las palabras de “¡Cortamos para comer!” sonaron tan bien. Durante una hora el volumen de la risa y de las charlas se elevan libres por fin del silencio sepulcral que impone el: “ prevenidos. ¡ACCIÓN!”
“¡Vasos de agua!”, “¡La pantalla de sesenta!”, “¿Dónde está el cuadro?” son algunas de las frases que cruzan el pasillo de la primera planta del Ganivet. Los empleados de este atienden con suma paciencia las peticiones de un rodaje que va a corto por día. Nunca las palabras de “¡Cortamos para comer!” sonaron tan bien. Durante una hora el volumen de la risa y de las charlas se elevan libres por fin del silencio sepulcral que impone el: “ prevenidos. ¡ACCIÓN!”
Durante
la hora de relax mil y una experiencias
diferentes vuelan de unos oídos a otros. Ferran, uno de nuestros
actores nos deslumbra con su voz de tenor, nuestro segundo ayudante
de dirección nos reclama a los madrileños que le hagamos un
cocido,…. Y vuelta a empezar.
Según
pasan las horas
el ritmo se acelera y la presión por los planos que quedan por hacer
se incrementa. En las frentes se dibujan arrugas de preocupación,
cada par de ojos concentrados en un punto diferente. Monitor,
posiciones de actores, iluminación, retoques de maquillaje, atrezzo
y vestuario que no se dañe. Son mil detalles que esta pequeña
orquesta de 35 intenta dirigir a un punto final en donde las notas
musicales son sustituidas por las imágenes.
“Corten,
ya estamos” o palabras por el estilo son las que los oídos
de los componentes del cortometraje ansían oír. Y cuando llegan
todo se detiene durante unos segundos, como si cada una de las mentes
necesitaran asegurarse de la veracidad de estas. No todo ha acabado
todavía toca recoger. Cuando este momento llega es cuando las
personas se dan cuenta de todo lo que realmente hace falta para hacer
llegar al espectador una imagen que parece simple a primera vista.
Vivir la complejidad que se esconde detrás de estos pequeños
fragmentos llenos de significado es lo que nos impulsa un día tras
otro a acudir a las órdenes de citación de rodaje.
Han
sido 15 días para algunos y 6 para otros pero ante todo ha sido, y
será, una experiencia inolvidable. Cuando el “corten, ya estamos”
se convierte en el último de todos además de los aplausos que
resuenan en el set se respira cierta melancolía. Son sólo pequeños
reflejos de tristeza por lo que acaba y ya no volverá. Ha sido una
gran experiencia y en parte nadie quiere que se acabe. Aquí se han
hilado lazos que con un poco más de empeño seguramente se
conviertan en el comienzo de una bonita amistad.
Lucía Ayllón - Jefa de Producción
Lucía Ayllón - Jefa de Producción