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8/2/14

Homage to Philip Seymour Hoffman by Scott Cleverdon

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Acting is the new Rock and Roll?

I woke today and checked the news as usual.
I almost thought it was a joke, how could one not think so.
         PhilipSeymour Hoffman was dead at 46 of an apparent overdose of heroin. I mentioned it to my friend at lunchtime and he said, "what an idiot".


Philip Seymour Hoffman at a Hudson Union Society event in September 2010.      (Source http://www.flickr.com/photos/justinhoch/4998133254/                       Author: Justin Hoch photographing for Hudson Union Society)
I had been aware of his issues with alcohol and I think he had always been rather open about it. He seemed to have processed it, made sense of it and understood his rejection of it and now I learn of other drugs as well.

The question is, why do we lose more actors than rock stars these days and why do they impact us so much when they die.

         James Dean, Marilyn, even Jane Mansfield became legends after their untimely demises. More dignified performers in the past such as Cary Grant or Audrey Hepburn retired or today's Gene Hackman or Sean Connery have stepped back with grace from acting and the public eye.

However Heath Ledger, Paul Walker, River Pheonix, James Galdofini and Cory Monteith were all actors waist-deep in their careers and potential.

The news said today that Philip Seymour Hoffman died of an apparent overdose.
As Eddie Izzard said in his standup routine some ten years ago about Lady Diana's death, and I paraphrase, "it was like the tv show was interrupted, we didn't know how it ended".

         This is why I think we may be so touched by the loss of our actors. 

The actor leads us into a story. The actor gives us something to connect with. The actor is the conduit between narrative and our own personal experience. Their sacrifice (and I'm not saying they are not well paid) results in our investment in their apparent suffering and the story we create for ourselves.

Brecht spoke of the idea of aesthetic distance. That was the difference between perceived reality and actual reality. Actual reality, violence, sex etc. made the viewer question what they were seeing as human beings and perhaps their needed intervention or revulsion. Aesthetic distance was where we could see the themes and narrative behind the action and find something that spoke to our entire nature. It is the difference between raw documentary war footage, pornography or actual graphic violence and fictional storytelling.

With fiction we can learn and find meaning and with the real footage we can only react, physically or emotionally on a primal level.

When we lose a performer, we lose that distance. They have offered sacrifice, in one way or another in many films or tv shows we have seen and enjoyed. 

And when they go, we can no longer learn but only react.

It seems like a joke when we read about it. We laugh, because that's what humans do when they have no other action. We are full of disbelief, anger, frustration, acceptance and momentarily stumble through all the stages of bereavement.

Or we say, "what an idiot" because we are left with no narrative, no story and cannot believe someone so rich in so many things could throw it away in such a mundane way.

We have nothing left but reaction because the story has been robbed from us. The story of future success, glory and creativity.

We are left, with just a reaction, hollow, because all it tells us is that the story is over. There is no dignity, no nobility and no meaning. It is just the end. The rockstars at least leave us their music, the actors leave us the intimate moments that we shared with them in the context of a narrative. Unlike music, we can only truly experience them with our eyes open. That distance has been lost, it has all become real. We can no longer find any meaning, only react.

And when our best and brightest, our representatives in exceptional stories go so soon, without a final word - it makes us know that we too will go, one day, with no dignity, no nobility and perhaps even less to show for it than it just being: the End.

6/2/14

Merecido homenaje de @scottcleverdon a Philip Seymour Hoffman

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¿La interpretación es el nuevo Rock and Roll? Hoy, me desperté y me puse al corriente de las noticias como siempre. 
Casi pensé que era una broma, ¿cómo podría no pensarlo?
         Philip Seymour Hoffman ha muerto a los 46 años de edad de una sobredosis clara de heroína. Se lo mencioné a mi amigo a la hora del almuerzo y él dijo, “¡qué idiota!” 
He sido consciente de sus problemas con el alcohol y creo que él siempre ha sido franco sobre ellos. Él parecía haber ocuparse de ello, comprenderlo y entender su rechazo y ahora, escucho de otras drogas también. 
La pregunta es, ¿por qué hoy en día perdemos más actores que estrellas de Rock? Y ¿por qué sus muertes nos afectan tanto? 
James Dean, Marilyn, incluso Jane Mansfield, llegaron a ser iconos después de sus fallecimientos prematuros. 
         Los artistas más dignos en el pasado, como Cary Grant y Audrey Hepburn se jubilaron, o Gene Hackman y Sean Connery del presente han dado un paso hacia atrás con gracia, de la interpretación y el ojo público. 
Sin embargo, Heath Ledger, Paul Walker, River Pheonix, James Galdogini y Cory Monteith, todos fueron actores, hasta la cintura en sus carreras y su potencial. 
Según las noticias, dijeron que Philip Seymore Hoffman se murió de una sobredosis clara. 
Como dijo Eddie Izzard en su monólogo humorístico hace diez años sobre la muerte de Lady Diana, y parafraseo, “fue como si el programa se interrumpiera, pero no sabíamos cómo terminó.” 
Por esta razón, creo que quizás nos afecta mucho la pérdida de nuestros actores. 
         El actor nos guía en una historia. El actor nos provee algo para vincular con ello. El actor es el conducto entre la narrativa y nuestra propia experiencia personal. Su sacrificio (y no sugiero que no estén bien remunerados) muestra resultados en nuestra inversión de su sufrimiento y la historia que creamos para nosotros. 
Brecht habló sobre la idea de la distancia. Aquella era la diferencia entre la realidad percibida y la realidad real. La realidad real, la violencia, el sexo etc. hacían que el espectador dudara de lo que estaba viendo como ser humano y quizás lo que necesitaba era la intervención o la repugnancia. La distancia estética era cuando podíamos ver los temas y la narrativa detrás de la acción y encontrar algo que hablara de nuestra propia naturaleza. Es la diferencia entre un documental del metraje franco de una guerra, pornografía o violencia explícita y narración ficticia. Con la ficción, podemos aprender y encontrar significado y con el metraje sólo podemos reaccionar, físicamente o emocionalmente en un nivel primitivo. 
Cuando perdemos un artista, perdemos aquella distancia. Han ofrecido un sacrifico, de una manera u otra, en muchas de las películas o los programas de televisión que hemos visto y disfrutado. 
Y cuando se vayan, no podemos aprender, sino reaccionar. 
Parece una broma cuando lo leemos. Reímos, porque es lo que hacemos cuando no tenemos otra acción. Estamos llenos de escepticismo, indignación, frustración, aceptación y momentáneamente, damos traspiés por todas las etapas de dolor. 
O decimos, “¡que idiota!”, porque nos quedamos sin una narrativa, ni una historia y no podemos creer que alguien tan abundante en muchas cosas, podría desperdiciarlo en una manera tan rutinaria.

No nos quedamos nada más que una reacción, porque nos han robado de la historia. La historia del suceso futuro, gloria y creatividad. 
Nos quedamos sólo con una reacción, vacío, porque todo lo que nos dice es que terminó la historia. No hay dignidad, ni nobleza, ni importancia. Solo es el fin. Las estrellas de Rock al menos nos dejan su música; los actores nos dejan los momentos íntimos que hemos compartido con ellos en el contexto de una narrativa. A diferencia de la música, solo podemos experimentarlos de verdad con los ojos abiertos. Aquella distancia se ha perdido, todo se han hecho actual. Ya no podemos encontrar ningún significado, solo reaccionar. 

Y cuando nuestros mejores e inteligentes, nuestros representantes en historias excepcionales se van tan pronto, sin una palabra final- hace que sepamos que tan pronto nos iremos, algún día, sin dignidad, ni nobleza y quizás menos de lo que demostramos al principio: el Fin.

Scott Cleverdon
Director de la fundación First Team junto con Assumpta Serna