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11/2/13

Centenario del Institut del Teatre. Imaginación al poder

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El día 4 de febrero, Joan Ollé reunió en el precioso escenario de la Escuela Superior de Arte Dramático de Cataluña a más de 20 personas, con motivo del centenario del Institut del Teatre. Todos nosotros éramos el espectáculo: Asunción Balaguer, los tres del Tricicle, Sopa de Cabra, Enric Majó, escenógrafos como Nina y Pep Durán, Joel Joan, Montserrat Carulla, bailarines, críticos de teatro,… Sentados en mesitas de café, tan diferentes en generaciones y en oficios, fuimos desgranando los hitos más importantes de la institución.

Cada uno de nosotros explicamos nuestra conexión con la escuela que nos formó y cambió nuestras vidas para siempre. Muchos recordamos con nostalgia  nuestro “insti” de Elisabets, donde nos encontramos con verdaderos maestros que nos inspiraron para siempre en disciplina como Pawel Rouba o William Layton y que nos dieron herramientas para ser libres creando.

Eché en falta a los actores de mi promoción, como a Francesc Albiol, Silvia Munt, Rosa Novell, Ricard Borrás, Juanjo Puigcorbé y tantos otros. Disfruté con Ramón Ollé, bailarín mágico donde los haya, quien nos hizo llorar a todos con su interpretación bailada de la canción La tieta.

Yo hablé sobre la innovación que bullía en nuestras venas y la necesidad de ser libres que experimentábamos en el año 74-75. Ese año se murió en Cataluña un teatro oficial acartonado para dejar pasar obras, experiencias llenas de nuestra fuerza joven, de espíritu solidario y rebelde, de fantasía y coraje que forzaron a las autoridades reticentes a abrir nuevos espacios, a aceptar nuevas propuestas.

Recordé con Juan Font las clases que hacíamos como grupo viajando en autobús, interpretando personajes en situaciones que debían ser creíbles para los pasajeros que no habían pagado entrada y que no sabían que estaban asistiendo a ninguna representación.

Probando, innovando, experimentando, nos sentíamos unidos, libres. Sin miedo por luchar contra la represión brutal existente esos días y que ejercían “los grises” contra nosotros, a quienes respondíamos con verdaderos cocteles molotov que lanzábamos por las mañanas unidos a nuestros compañeros obreros. Mientras por la noche, les ofrecíamos nuestra fantasía a todos, nuestra imaginación a un público maravillado que experimentaba, como nosotros, el poder de romper con límites establecidos. Fue en esas aulas y en la calle, por las mañanas y por las noches, donde experimentábamos a tocarnos en grupo, a ser consecuentes con lo que pensábamos y sentíamos.

Recordé el rumor que se desató en las aulas del “insti”: se conseguía ser mejor actor si lográbamos romper pudores y ofrecerse, abandonarse al otro actor sin reservas, con una mística en dar sin esperar a recibir. De ese rumor, salió el guión y la película mítica de La orgía, en la que participábamos muchos actores alumnos del “insti” con cuerpos y almas desnudas. 

Así, de esta curiosidad de unos por otros, de esa investigación de cuerpos y sensaciones nacida en las aulas de Elisabets, pasamos a la convicción de que podíamos cobrar y comer por hacer aquello que más nos gustaba en la vida: comunicar con otros, ser espejo de otros, provocar sonrisas y lágrimas. Estábamos convencidos que nuestra vida podía ser una verdadera orgía para los sentidos que provocaba a su vez inspiración para amarse al público que nos veía. Animé a los alumnos a decir lo que pensaban de la escuela, a pedir y a exigir ahora una formación innovadora y pionera en una institución que es suya, porque fue creada para ellos. ¡Imaginación al poder!
Assumpta Serna

Presidenta Fundación de Interpretación Cinematográfica first team

25/6/12

"EL MUNDO ES NUESTRO"

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Ayer por la noche fuimos al estreno de una película. Normalmente, no es algo que me guste hacer porque invariablemente me veo obligado a decir a los directores (si me preguntan) : "lo has hecho otra vez". Esto de los estrenos lo vengo haciendo desde hace demasiado tiempo para saber que o mi opinión no cuenta mucho o cuenta todavía menos si no tengo algo que decir. Así que normalmente, no digo nada.

La película se llamaba: "El mundo es nuestro" , dirigida, escrita y protagonizada por Alfonso Sánchez.



Era, repito, una película española.

La sala estaba repleta. La introducción fue informal y la buena predisposición del público era palpable. La mayoría del casting y de los técnicos llegaron de Sevilla e hicieron la presentación antes de la película como un tributo al director y al equipo responsable de darles protagonismo antes de que la película empiece. Sin embargo, no creo que nadie estuviera preparado para recibir la increíble pieza de película que estaban a punto de disfrutar.

La película abre con una escena que coloca "alta la barra", en términos de energía y nos sitúa en medio de un torbellino de alta y baja comedia, comentario social, gags visuales, idiosincrasia andaluza y extremo coraje y compromiso. Al final de este primer plano, la audiencia rompió en aplausos y la película nos regaló unos créditos realizados en animación de los que Saul Bass hubiera estado orgulloso: maravillosa oportunidad de disfrutar en negro, blanco las siluetas rojas. 

Realmente, no quiero decir mucho acerca de la película porque no quisiera estropear la sensación al verla por primera vez y tampoco quisiera que la expectación fuera demasiado alta.

El origen de los personajes reside en una serie de pequeñas películas que explotaron en internet hace dos años y todavía hoy tiene el mérito de que se repiten las visitas, no sólo por su diálogo increíble (fuimos testigos de un "Tarantino andaluz" haciendo poesía del día a día, divertido y original), sino también porque son observaciones sociales, muy muy inteligentes, de arquetipos



El dialecto sevillano puede que no sea entendido al principio en todo su detalle por todo el mundo, pero es parte del disfrute de esta película; porque no habla mal de nadie. Y además, es una excelente excusa para verla una segunda vez.

Sinceramente, esta es una de las mejores comedias que he visto en los últimos diez años. Tiene un corazón grande, interpretaciones con total compromiso de todos los que actores que forman parte de la obra coral. Los dos protagonistas, Alfonso Sánchez y Alberto López, se inspiran de los personajes creados en sus cortos distribuidos por internet, pero elevan su manera de comunicar al nivel de una canción y debajo de todo ello esta la alegría de pertenecer a una comunidad, que es lo que realmente toca a todos los enamorados del cine.

Es en realidad, una carta de amor a la energía, tradición, gracia, fealdad y elegancia, y lo absurdo no solo de Sevilla pero de toda España. 

Es un "Capra" puro. Las observaciones sociales y políticas están empaquetadas en humanidad, humor y corazón. Si no has visto una película española desde hace tiempo, te recomiendo que veas ésta sin reservas. Te preguntarás a ti mismo: "¿Por qué no puede ser así más a menudo?"

En vez de decir una frase hecha como: "lo has hecho otra vez", esperarás que lo hagan otra vez más a menudo.


Scott Cleverdon
Fundación First Team